Reflexiones sobre la izquierda y Venezuela (III)







Algunas conclusiones


La idea de que en América del Sur tuvo lugar una “década perdida” durante los gobiernos progresistas y revolucionarios, implica una mentira insostenible. Durante estos años, nuestro continente vio reducirse la pobreza, la indigencia y disminuir la desigualdad. Millones de personas se incorporaron a la educación, a la salud, al consumo y, esto es lo más importante, se convirtieron en sujeto político.

Que nadie nos quiera convencer de que, después de las dictaduras y el neoliberalismo, las izquierdas y el progresismo llegaron a interrumpir un proceso de creciente prosperidad. Al contrario, llegaron para ponerle un freno al abandono, la entrega y la desidia.

Ahora bien, ¿se hizo todo lo que se podía? ¿Se aprovechó la oportunidad histórica? ¿Cuánto errores de la izquierda del siglo XX volvió a cometer la izquierda del siglo XXI? ¿Cómo construir poder sin que el poder se nos vuelva un fin en sí mismo? ¿Cómo avanzar sin quedarnos solos? ¿Cómo replegarnos sin abandonar? En definitiva, ¿cómo seguir?

Busquemos la forma de que las respuestas a estas preguntas nos las demos nosotros, quienes compartimos una mirada favorable a los intereses de las grandes mayorías nacionales, y no el adversario.

Para ello, habrá que seguir desarrollando pensamiento crítico respecto al sistema capitalista imperante, y, en consecuencia, pensando políticas superadoras. Pero a su vez, será necesario asumir, de una vez por todas, que sin una profunda autocrítica, no hay izquierda posible.

El chavismo visibilizó a millones de seres humanos, les otorgó derechos y los introdujo definitivamente en la historia de Venezuela. Y este, su mayor logro, es verdaderamente revolucionario. Ahora, también debemos abordar sus errores y falencias para aprender de ellos, porque siempre de los procesos se desprenden lecciones imprescindibles de cara al futuro.

La Revolución Bolivariana no es un fracaso y nunca habrá sido en vano; se trata de un proceso que presenta muchas luces y algunas sombras y que, felizmente, aún está en construcción.

De cómo se resuelvan cuestiones muy emparentadas como lo son el lugar de la crítica y la autocrítica, así como el valor de la democracia, dependerá en buena medida el futuro del chavismo, fenómeno que supo generar enormes expectativas en quienes creemos que otro mundo es posible.